Por: Biól. Carlos Castillo, Senior Conservation Specialist, Wildlands Network Programa México

Fue iniciando la década de los 80’s cuando un grupo de investigadores encabezados por el Dr. Ezequiel Ezcurra del Instituto de Ecología de la UNAM visitan la región de la Sierra del Pinacate y publican en 1981 los resultados de sus  visitas previas a la región[1] proponiendo por primera vez la idea de convertir el área en una “Reserva de la Biosfera”, concepto muy en boga en esos años por la famosa adaptación del concepto del programa MAB (Men and Biosphere) de la UNESCO a las condiciones sociales y ambientales en México, la conocida como “modalidad mexicana” de las reservas de la biosfera que incorpora a la comunidades locales en la conservación, propuesta por el Dr. Gonzalo Halffter.[2]

Todo esto sin olvidar que a finales de los años 70’s, más precisamente en 1979 se declara una pequeña porción de la región, básicamente lo correspondiente a la cuenca del Río Sonoyta, como Zona Protectora Forestal y Refugio de Fauna Silvestre, eso a través de la entonces Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos (SARH).

No fue sin embargo hasta 1987 cuando el Centro Ecológico de Sonora (CES) inicia el programa de recuperación del berrendo sonorense y se me asigna la responsabilidad de darle seguimiento a dicha estrategia, que obliga el gobierno a voltear su atención nuevamente a este maravilloso lugar.

El Programa de recuperación del berrendo sonorense, especie en peligro de extinción, fue el puente que nos permitió acercarnos y conocer a los pocos habitantes que residían en aquella época dentro de lo que serían los límites de la propuesta de reserva.

Incluso el programa de recuperación se extendía hasta los límites del municipio de Puerto Peñasco con Caborca, donde se encontraban las poblaciones mas densas de esta especie en peligro y hasta donde, en algún momento, se pensó en extender el polígono de lo que sería la reserva de la biosfera de El Pinacate.

Fue en estos años que conocí al Centro Intercultural de Estudios de Desiertos y Oceános (CEDO) y a su directora la M.C. Peggy J. Turk-Boyer quien me abrió las puertas de sus instalaciones para ser mi centro de operaciones y con quién inicié una gran amistad que perdura hasta estos días.

Con la entrada del Dr. Samuel Ocaña (ex gobernador del estado) al CES en 1990, se inicia una nueva etapa de trabajo y se implementa el Sistema de Áreas Protegidas del Estado de Sonora (SANPES). Una de las prioridades de este sistema fue sin duda, la reactivación de la iniciativa de crear una reserva de la biosfera en la región del Pinacate. Iniciativa bien conocida por el Dr. Ocaña pues durante su gestión como gobernador, el propio Dr. Ezequiel Ezcurra la presentó la primera propuesta para su declaratoria como Área Natural Protegida (ANP). Así que con ese antecedente el Dr. Ocaña me instruye para que en coordinación con el Dr. Alberto Búrquez del Instituto de Ecología de la UNAM con sede en Hermosillo, desarrolláramos un nuevo estudio previo justificativo que culminaría con la declaratoria de la Reserva de la Biosfera de El Pinacate y Gran Desierto de Altar el 10 de junio de 1993.

Entre 1993 y 1996 fue el CES con el apoyo de The Nature Conservancy a través del programa de Parques en Peligro que nombra al primer equipo de manejo del ANP e inicia el equipamiento de las instalaciones ubicadas en el Ejido Los Norteños. Con este equipó operativo inicia una fuerte labor de trabajo comunitario, de vigilancia, de planeación estratégica y de identificación de las principales amenazas presentes en la zona. Además, en este periodo se establece el grupo base para la elaboración del Programa de Manejo del ANP, liderado por un servidor como parte del CES y con el apoyo del Departamento de Geología de la Universidad de Sonora, del CEDO, del Centro INAH-Sonora y de Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Baja California.

Con mi designación como Director en 1996 por parte de la Unidad Coordinadora de Áreas Naturales Protegidas (UCANP) del Instituto Nacional de Ecología de la entonces SEMARNAP, y con el respaldo jurídico y administrativo de la instancia responsable de las áreas protegidas de carácter federal, empezamos a controlar y ordenar una de las principales amenazas del área que era la extracción de morusa o ceniza volcánica, así como el acceso desordenado al área, la protección de los sitios sagrados de la Nación O’odham y el trabajo con los habitantes del área en la búsqueda de alternativas productivas sustentables adaptadas a las condiciones inhóspitas de la región. Los sueños de la agricultura y ganadería de los entonces escasos habitantes ya se habían esfumado, las fuerzas de la naturaleza que se manifiestan en el “corazón del desierto sonorense” se habían encargado de ir sepultando, como al propio escudo volcánico bajo un inmenso mar de dunas, cualquier intento de implementar actividades económicas compatibles con las condiciones climáticas y geológicas del ANP.

La reserva de la biosfera El Pinacate siempre ha sido el modelo ideal de una ANP. Sin embargo, ese modelo no necesariamente encaja con la realidad del resto del país. El Pinacate ha sido privilegiado en ese sentido, su escasa población, la majestuosidad de sus escenarios naturales, las propias condiciones climáticas (inviernos muy fríos y veranos extremadamente colurosos), los pocos accesos transitables, la infraestructura (Estación Biológica, Centro de Visitantes, rutas de acceso y una excelente señalización) construida a lo largo de sus 28 años de existencia, los reconocimientos nacionales e internacionales que le han sido otorgados, todo esto ha hecho de El Pinacate un sitio que cualquier persona con espíritu aventurero sueña con conocer.  Todas esas condiciones sumadas a la belleza paisajística dada por las diversas manifestaciones geológicas y su gran riqueza biológica han atraído fuertemente la atención del turismo nacional e internacional. Desafortunadamente los momentos de crisis sanitaria que vivimos en estos momentos sumados a la percepción de inseguridad y a la brutal reducción presupuestal que ha recibido la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), están poniendo en riesgo los “28 años y un poquito más” de esfuerzos de conservación de esta joya del patrimonio natural y cultural de Sonora, de México y del mundo. No perdamos la esperanza en que estas condiciones cambien y esta joya natural vuelva a brillar como antaño, es mi mayor deseo para este majestuoso lugar.

[1] Ezcurra, E., M. Equihua, J. López-Portillo, E Lagunas y J. Nocedal, 1981. Estudios Ecológicos del área de El Pinacate. Informe de la primera etapa. Instituto de Ecología, manuscrito.

[2] Homenaje al Dr. Gonzalo Halffter (ecologia.edu.mx)

En 1990 fue designado responsable de la elaboración del Estudio Previo Justificativo para la Declaratoria de la Reserva de la Biosfera El Pinacate y Gran Desierto de Altar, la cual fue decretada el 10 de junio de 1993, siendo el primer director designado por el Gobierno Federal para su atención (1996-2004). En 2002 fue encargado de dar inicio al proceso de regionalización de la CONANP convirtiéndose en Director de la Región Noroeste y Alto Golfo de California (2004- 2017).

A partir de 2017 ha laborado como consultor independiente en temas relacionados con conservación de la biodiversidad y áreas naturales protegidas trabajando en proyectos para organizaciones como World Wildlife Fund, PNUD, Amigos del Centro Ecológico de Sonora, A.C. y Naturaleza y Cultura Sierra Madre A.C. y en abril de 2019 se incorpora como Senior Conservation Specialist para la organización Wildlands Network. También es presidente del Consejo Directivo del FONNOR, A.C. y miembro del comité científico de Prescott College, Unidad Bahía de Kino, Sonora.

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