Por: Andrea Hurtado, Gala Solís, Maritza Roberts, Emilia Valdenebro

El trabajo como voluntarios consiste en hacer un servicio a la comunidad. Es en gran medida parte del desarrollo de una persona profesional y un buen ser humano comprometido con el entorno que lo rodea y sus ideales. El voluntariado es una fuente de talento constante que el Centro Intercultural de Estudios de Desiertos y Océanos (CEDO) ha ido trabajando desde sus inicios.

Girls for the Change | Foto: CEDO

Por esta razón, la directora general de esta institución, Dra. Nélida Barajas Acosta, decidió crear Girls for the Change durante la semana del 14 de junio del 2021 cuando el equipo de CEDO y las voluntarias que nos encontrábamos de forma presencial al inicio del verano nos reunimos en las instalaciones. El grupo estuvo compuesto al inicio de sólo cuatro jóvenes, Emilia Valdenebro, Gala Solís, Andrea Hurtado y Maritza Roberts, quienes comenzamos a trabajar bajo la supervisión de Paloma Valdivia.

Girls for the Change | Foto: CEDO

Nuestro trabajo en conjunto comenzó gracias a las tareas que nos asignaron y los proyectos que estaban realizando Gala y Emilia como miembros del movimiento Scout y en colaboración con CEDO sobre uno de los ecosistemas prioritarios de la zona.

La combinación de nuestros trabajos dio como resultado el proyecto de conservación y uso sostenible del Estero Morúa. También se realizó el proyecto de restauración de la biblioteca que tendría un tiempo de duración más largo, y la capacitación para dar pláticas de historia natural a los visitantes.

Nuestro proyecto principal se componía de varias partes unidas por el CEDO: los proyectos para Greater Good hechos por Gala (Bye plastics in the estuary) y Emilia (Speak out for nature), la página web creada por Maritza, y el apoyo como cuenta cuentos de Andrea.

Tras esto, se unieron otras piezas al rompecabezas. Una de ellas, la estrategia de comunicación, parte de la tesis de Martha Salazar, quien fue invitada por la Directora del CEDO, el apoyo y aportaciones de Angeles Sánchez, la ayuda de Edgar Armenta y Mónica, dos voluntarios del centro, además de la colaboración de dos mujeres ostioneras de del estero.

El objetivo que deseamos alcanzar con el proyecto consiste en “educar al público general de Puerto Peñasco sobre la importancia del Estero Morúa, brindando información sobre actividades ecoturísticas, las ostioneras y el cultivo de los ostiones como actividad de bajo impacto, historia natural incluyendo un archivo con todas las especies que habitan la región, así como información sobre los pueblos originarios y tácticas de conservación.

Para Maritza Roberts, “es hacer conciencia en las personas, ya sean residentes o no, de cómo este entorno tan importante contribuye en la cadena alimenticia y reproducción marina.

Girls for the Change | Foto: CEDO

Es importante darlo a conocer a través de redes sociales y programas de radio locales, hacer campañas de limpieza y fomentar el apoyo en comunidad para que nuevas generaciones aprecien su importancia y el riesgo ambiental que hay si no lo cuidamos, y que las personas contribuyan para poder lograr un gran cambio positivo tanto en el medio ambiente como para la sociedad”.

Girls for the Change | Foto: CEDO

“Todo lo anterior nos permitió tener una experiencia fascinante”. Cada una de nosotras fue llegando una tras otra: Emilia durante el 2017 ayudando en certámenes ambientales, campamentos de verano o apoyando cuando venían a visitar las escuelas, también en las limpiezas de playa, “el tiempo que llevo en CEDO como parte del voluntariado ha sido muy interesante, divertido e informativo.Aprendí que uno debe ser más responsable y dedicado”. Gala comenzó su voluntariado al mudarse a Puerto Peñasco en 2019 ayudando con lo que podía: limpiezas de playa y en el área de educación con los tours de kayak,

“Me di cuenta de la gran diversidad de flora y fauna que podemos encontrar en los esteros, desiertos y playas. Me divertí mucho colaborando con el personal de CEDO y otros voluntarios que también venían en las vacaciones. Durante nuestra estadía en el CEDO convivimos mucho. Cocinamos, comíamos, veíamos películas juntos”.

A diferencia de ellas, Maritza Andrea llegaron casi al mismo tiempo, a inicios del verano de este año, y ambas hemos quedado sorprendidas por nuestras expectativas rotas y lo impresionante que ha sido trabajar en campo, salir a monitorear y dar pláticas a los visitantes: “Cuando llegué, tenía expectativas de que todo mi voluntariado sería trabajo digital pero cuando empecé a formar parte del equipo de CEDO nunca pararon las actividades para expediciones o aventuras nuevas, no importa si se trataba de aventuras a través de historias o viajes físicos, siempre ha sido algo que esperaba con ansias durante mi verano. Mi experiencia ha consistido en el desarrollo de una campaña educativa digital y un proyecto de uso sostenible del Estero Morúa. Por mi parte, se borró de mi memoria la idea de quedarme encerrada en la biblioteca clasificando libros”, comentó Maritza Roberts.

Girls for the Change | Foto: CEDO

Sin embargo, así como lo disfrutamos también sufrimos al pasar horas bajo el sol, comenzar monitoreos desde las 5 de la mañana, o el mal sabor de boca de casi dejar el voluntariado: “No tenía pensado en volverlo a retomar, pues yo me iba a enfocar en mis entrenamientos de baloncesto.

Agradezco que tomé la decisión de volver a mis actividades de ser voluntaria, y a las personas que nos están ayudando, aunque a veces el mal trato de algunos visitantes al centro nos desanimaba un poco”, dijo Emilia Valdenebro.

Al final, lo más importante y con lo que nos quedamos fue cada uno de los aprendizajes que obtuvimos en cada etapa del voluntariado. Nos ayudó a mejorar de forma muy personal, a desenvolvernos poco a poco de forma verbal, y todo el apoyo que nos brindó cada uno de los miembros del equipo del CEDO contó para que no nos rindiéramos.

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